Aclaración: Lo que está en cursiva es lo que piensan los personajes (:
Debido a ti. capitulo 2
Justo cuando el de rastas iba a decirlo, Bill se despertaba. El pelinegro seguía pensando en él chico de sus sueños, cuando sus pensamientos fueron interrumpidos por el gritó de Simone.
―!Bill Kaulitz! ―vociferó su madre―, ¡Baja ahora mismo!.
Él sorprendido y asustado por el cambió repentino de animo de su madre, bajo lo más rápido que pudo.
―¿Qué pasó? ―preguntó sin entender.
―!Hoy hay clases en el instituto!, ¿Por qué cojones no fuiste? Me engañaste.
―¿Cómo te enteraste? ―cuestionó asustado.
―Eso importa un coño ahora Bill ―gritó cabreada Simone.
―Lo que pasa es que…
―¿Qué pasa Bill?, ¡Dímelo!
―Es que… Es que… Estoy harto ―logró decir Bill
―¿Harto? ―preguntó su madre―, ¿de que estas harto?
―De todo, de todo ―gritó el pelinegro―¿Para que coño voy al instituto?, ¿Para que todos me insulten y me digan maricón? ―se quejó―. ¿Sabes qué Madre? Me voy, Maldición. Todo esto me lo paso por la polla ―Bill no se puedo contener y empezó a llorar.
―Pero hijo. Bill, espera. No te vayas ―le suplicó Simone.
Pero fue demasiado tarde. La puerta se cerró ruidosamente, Bill se había ido.
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Caminó por las calles sin rumbo llorando, no le importaba si iba a perderse, solo le importaba que este lejos, muy lejos de allí. Iba a cruzar la pista pero Bill no se percató de que un Audi blanco se aproximaba. Casi le atropella pero el conductor freno justo a tiempo y salió preocupado del carro. Se dirigió hacia el pelinegro, que se había caído al suelo.
―!Joder¡, lo siento ―se disculpó arrepentido.
―Mierda, cabrón, ¿Qué acaso no miras por donde coño conduces o que? ―objetó.
―!Guau! ―exclamó sorprendido el conductor―, pero que vocabulario tienes tía. Así no hablan las damas ―dijo él. Pero no se daba cuenta de que Bill no era una… dama.
―Yo no soy… ―el pelinegro levantó la mirada y se quedó sin habla. Esos ojos marrones le parecían tan conocidos… El conductor era el chico con el que soñaba todas las noches.
―¿Tú eres? ―preguntó el rastas sin entender el cambio repentino de Bill.
―Yo…
―Amiga, ¿Estas bien? ―cuestionó preocupado el hiphopero. El pelinegro no decía ni pío― Creo que el choque la afectó un poco, ¿verdad? ―bromeó mientras soltaba una risilla.
―Yo soy un chico ―contestó por fin.
―¿Un chico?, Debes estar de broma.
―No, enserio soy un chico.
Bill no sabia como actuar en ese momento ¿Debería decirle la verdad, Qué sueño todo el tiempo con él? No. Me tomaría por loco, Tal vez sea un sueño. Bill tuvo una idea. Cojeó su brazo izquierdo y con su mano derecha se pelliscó el brazo. Dio un leve gemido de dolor y se dio cuenta.
―No es un sueño ―dijo muy bajito.
―Hmm, ¿enserio estas bien? ¿No necesitas que te lleve a un hospital para que te revisen? ―pregunto mientras miraba a Bill como un bicho raro.
―¿Cómo te llamas?
―Thomas… Tom
Por fin Bill escuchó su nombre y esta vez no había sido un sueño.
―¿Y tu? ―preguntó Tom.
―Bill.
Los dos se quedaron mirando fijamente, sintieron algo extraño. Sintieron como si se conocieran el uno al otro desde hace mucho tiempo.
―¿Has estado llorando?
La pregunta que Tom había hecho le sorprendió a Bill.
―¿Qué, qué dices?
―Que si has estado llorando.
―¿Por qué lo preguntas? ―dijo Bill con rapidez
―Tus ojos ―musitó―. Te delatan…
―Yo…
Entonces Bill fue interrumpido por el sonido de un celular. Era el de Tom, tenía una llamada. El le pidió disculpas a Bill y contestó.
―¿Hola?
―Hijo, ¿Tanto te demoras?
―Lo siento, es que hay mucho tráfico ―Tom señalo su carro y le hizo una seña a Bill para que tocara el claxon tres veces. Bill lo hizo― ¿Oyes? Te prometo que llegaré a casa lo más rápido que pueda.
―De acuerdo, apúrate. Te he inscrito en un instituto.
―Oh, bueno. Gracias má. ―Tom colgó y le agradeció a Bill por ayudarlo con su farsa del ‘‘mucho tráfico’’.
―Me tengo que ir Bill, y perdón por lo del accidente. Enserio, lo siento.
―¿Te vas? Quédate ―le pidió.
―¿Qué? ―preguntó confundido el rastas.
―Oh, quiero decir… Adiós ―dijo Bill avergonzado.
¿Cómo se me ocurre gritarle que se quede? Estas loco Bill, contrólate.
―Hasta luego ―se despidió Tom.
Eso fue lo último que escucho Bill de Tom. El de estas se subió a su Audi y se fue. El pelinegro se quedó allí parado viendo como él se iba y aun sin poder creer que lo había visto cara a cara.
Continuará...