
Voy a comenzar a subir mi fic acá. También lo subo en mi fotolog pero bueno, también acá C: Asi que si os gusta el twincest sean bienvenidas a leer mi nueva fic. Gracias. Besos. Si queréis saber más sobre el fic o los personajes agregame
little.cuupcakees@hotmail.com soy Zoe (:
Debido a ti. capitulo 1
No lo dejes ir, tal vez esta decisión no sea buena, tu lo amas!, decía su conciencia. Mientras sus ojos veían como el chico al que amaba se iba. De aquellos ojos marrones brotaron un líquido que caían por sus mejillas y que eran como un ácido para su blanca y delicada piel. En ese momento lo único que quería era morir y maldecir una y otra vez.
Unos meses atrás
Bill se despertó agitado y sudoroso. El día estaba frió y sentía la soledad recorrer por sus venas, pero eso no parecía molestarle… es decir, estaba acostumbrado a eso. Cojió un lápiz y un papel. Estaba decidido a dibujarlo. Todas las noches, el pelinegro soñaba con ese chico. Siempre lo había visto de espaldas, pero esta vez vio su cara―Lo cual le pareció raro ―. Primero comenzó con sus ojos, sus ojos eran de un hermoso color marrón claro. Su nariz era respingada. Tenía una sonrisa blanca y perfecta. Su cabello era rubio y llevaba rastas. Su atuendo, de acuerdo, su atuendo era extraño. Usaba ropa más grande de la que debía usar, parecía un costal de papas, pero eso no importaba. Sus labios era perfectos y rellenos hasta cierto y vergonzoso punto besables. Llevaba en el lado izquierdo de su labio inferior un piercing plateado. Claro, un lindo detalle.
Una vez terminado su dibujo, Bill lo miró.
―Eres perfecto ―susurró.
El tío se había tan real que a veces hacia que Bill se preguntara, ¿En realidad existe? Pero él ya sabía la respuesta. No. Solo era un sueño… Un hermoso sueño.
Colocó su dibujo en debajo de su almohada y bajó hacia la cocina. Allí se encontró con Simone, su madre.
―Buenos días, Bill ―saludó su madre, mientras veía como su hijo buscaba las bolsas de gomitas que tanto le gustaban.
―Hola, má ―contestó― Haz visto mis…. ―Simone le cortó.
―Tus gomitas ―él asintió con la cabeza, ―Están en la repostera.
―Gracias ―dijo mientras subía a su cuarto.
―Todo el santo día encerrado en su dormitorio comiendo gomitas ―se dijo a si misma Simone.
El pelinegro entró a su cuarto y se cambió de ropa. Un polo rojo con dibujos negros, unos pantalones negros y unas zapatillas negras. Se puso una casaca negra y una bufanda roja. Su pelo esta vez no se lo puse de punta como solía hacerlo, se lo dejó normal y se puse una gorra ploma. Se delineó los ojos y se puso sombras negras. Se miró en el espejo para ver como le quedaba la ropa que se había puesto.
―Hmm, esta bien ―vaciló por un momento.
Se sentó en su cama y encendió su ordenador mientras abría su bolsa de gomitas. Entonces un recuerdo pasó por su mente.
FLASHBACK
―¿Cómo te llamas? ―preguntó Bill, aun sin creer que estaba viendo su bello rostro
―¿Cómo me llamo? ―habló el de rastas.
―Sí ―musitó el pelinegro.
―¿Por qué lo quieres saber?
―Solo dimelo, por favor ―le suplicó Bill.
―De acuerdo, mi nombre es…
FIN DEL FLASHBACK
Justo cuando el de rastas iba a decirlo, Bill se despertaba. El pelinegro seguía pensando en él chico de sus sueños, cuando sus pensamientos fueron interrumpidos por el gritó de Simone.
―¡Bill Kaulitz! ―vociferó su madre―, ¡Baja ahora mismo!.
Él sorprendido y asustado por el cambió repentino de animo de su madre, bajo lo más rápido que pudo.
―¿Qué pasó? ―preguntó sin entender.
¿Por qué esta tan molesta Simone? ¿Qué le preguntará a Bill?
little.cuupcakees@hotmail.com soy Zoe (:
Debido a ti. capitulo 1
No lo dejes ir, tal vez esta decisión no sea buena, tu lo amas!, decía su conciencia. Mientras sus ojos veían como el chico al que amaba se iba. De aquellos ojos marrones brotaron un líquido que caían por sus mejillas y que eran como un ácido para su blanca y delicada piel. En ese momento lo único que quería era morir y maldecir una y otra vez.
Unos meses atrás
Bill se despertó agitado y sudoroso. El día estaba frió y sentía la soledad recorrer por sus venas, pero eso no parecía molestarle… es decir, estaba acostumbrado a eso. Cojió un lápiz y un papel. Estaba decidido a dibujarlo. Todas las noches, el pelinegro soñaba con ese chico. Siempre lo había visto de espaldas, pero esta vez vio su cara―Lo cual le pareció raro ―. Primero comenzó con sus ojos, sus ojos eran de un hermoso color marrón claro. Su nariz era respingada. Tenía una sonrisa blanca y perfecta. Su cabello era rubio y llevaba rastas. Su atuendo, de acuerdo, su atuendo era extraño. Usaba ropa más grande de la que debía usar, parecía un costal de papas, pero eso no importaba. Sus labios era perfectos y rellenos hasta cierto y vergonzoso punto besables. Llevaba en el lado izquierdo de su labio inferior un piercing plateado. Claro, un lindo detalle.
Una vez terminado su dibujo, Bill lo miró.
―Eres perfecto ―susurró.
El tío se había tan real que a veces hacia que Bill se preguntara, ¿En realidad existe? Pero él ya sabía la respuesta. No. Solo era un sueño… Un hermoso sueño.
Colocó su dibujo en debajo de su almohada y bajó hacia la cocina. Allí se encontró con Simone, su madre.
―Buenos días, Bill ―saludó su madre, mientras veía como su hijo buscaba las bolsas de gomitas que tanto le gustaban.
―Hola, má ―contestó― Haz visto mis…. ―Simone le cortó.
―Tus gomitas ―él asintió con la cabeza, ―Están en la repostera.
―Gracias ―dijo mientras subía a su cuarto.
―Todo el santo día encerrado en su dormitorio comiendo gomitas ―se dijo a si misma Simone.
El pelinegro entró a su cuarto y se cambió de ropa. Un polo rojo con dibujos negros, unos pantalones negros y unas zapatillas negras. Se puso una casaca negra y una bufanda roja. Su pelo esta vez no se lo puse de punta como solía hacerlo, se lo dejó normal y se puse una gorra ploma. Se delineó los ojos y se puso sombras negras. Se miró en el espejo para ver como le quedaba la ropa que se había puesto.
―Hmm, esta bien ―vaciló por un momento.
Se sentó en su cama y encendió su ordenador mientras abría su bolsa de gomitas. Entonces un recuerdo pasó por su mente.
FLASHBACK
―¿Cómo te llamas? ―preguntó Bill, aun sin creer que estaba viendo su bello rostro
―¿Cómo me llamo? ―habló el de rastas.
―Sí ―musitó el pelinegro.
―¿Por qué lo quieres saber?
―Solo dimelo, por favor ―le suplicó Bill.
―De acuerdo, mi nombre es…
FIN DEL FLASHBACK
Justo cuando el de rastas iba a decirlo, Bill se despertaba. El pelinegro seguía pensando en él chico de sus sueños, cuando sus pensamientos fueron interrumpidos por el gritó de Simone.
―¡Bill Kaulitz! ―vociferó su madre―, ¡Baja ahora mismo!.
Él sorprendido y asustado por el cambió repentino de animo de su madre, bajo lo más rápido que pudo.
―¿Qué pasó? ―preguntó sin entender.
¿Por qué esta tan molesta Simone? ¿Qué le preguntará a Bill?

